
Morena en el Senado apuesta por la unidad interna ante la renovación de la Mesa Directiva y minimiza salida de Inzunza
*La ruta hacia la Mesa Directiva: Disciplina estatutaria y el reto del consenso
Braulio Paisano
En medio de los ajustes políticos y la reconfiguración de fuerzas en la Cámara Alta, el coordinador parlamentario de Morena, Ignacio Mier Velazco, ha marcado la pauta de su bancada frente a dos frentes clave: la sucesión en la Mesa Directiva y la reciente baja del senador Inzunza. Lejos de mostrar fracturas profundas, la dirigencia guinda busca blindar la cohesión interna y subordinar cualquier diferendo a la agenda prioritaria del Ejecutivo federal.
El proceso para definir la presidencia de la Mesa Directiva no será un cheque en blanco ni una imposición cupular, al menos en el discurso oficial. Mier Velazco enfatizó que, en estricto apego a los estatutos y reglamentos internos de Morena, el primer paso ineludible es la emisión de una convocatoria formal.
El trasfondo de esta decisión radica en la necesidad de legitimar el liderazgo legislativo mediante el filtro del grupo mayoritario antes de llevarlo al pleno. Tras sostener encuentros con los cuatro perfiles que han alzado la mano para ocupar el cargo, el coordinador destacó una directriz compartida: anteponer la unidad y la cohesión del grupo parlamentario por encima de aspiraciones personales. La apuesta explícita es tejer fino para alcanzar un candidato de unidad que llegue fortalecido a la votación plenaria.
Otro de los temas que dominan la agenda legislativa es la salida formal del senador Inzunza de las filas de la bancada guinda para declararse independiente. Trasfondo político aparte, la estrategia de contención aplicada por Mier Velazco ha sido la de minimizar el costo político, enmarcando el diferendo en el terreno de las "decisiones estrictamente personales".
Sin embargo, detrás de la diplomacia parlamentaria se adecuan las medidas de control. Mier reconoció que existió un acercamiento previo de carácter amistoso —una suerte de intervención conciliadora respaldada por sugerencias de la dirigencia nacional— donde se le invitó a reconsiderar su postura o, en su defecto, a solicitar licencia. Al fracasar esta gestión y optar Inzunza por la separación definitiva, la bancada optó por dar vuelta a la página.
Ante la pregunta ineludible sobre el impacto que esta baja representa para la codiciada mayoría calificada, el coordinador adoptó una postura de cautela operativa: el verdadero músculo legislativo se medirá y analizará conforme se presenten las iniciativas en el pleno. El mensaje político es claro: la bancada no se distraerá en disputas de carácter individual y concentrará todos sus esfuerzos en blindar y respaldar la agenda legislativa de la presidenta de la República y de sus secretarios de despacho.
Finalmente, respecto al futuro partidario de Inzunza, Mier dejó la puerta cerrada a sanciones directas desde el grupo parlamentario, señalando que la separación de la bancada es "suficiente por el momento", y delegando cualquier definición sobre su militancia a los órganos internos del partido y a su dirigencia nacional. Con este movimiento, Morena busca proyectar una imagen de disciplina monolítica, restando dramatismo a las deserciones y blindando el núcleo duro de su proyecto legislativo.


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